Sostener tu luz

En un mundo donde las distracciones, los miedos y las presiones externas parecen multiplicarse cada día, mantener viva nuestra luz interior se convierte en un acto esencial de autocuidado y de protección espiritual.

Muchas veces buscamos seguridad fuera de nosotros: en las personas que amamos, en las circunstancias que creemos controlar o en las cosas materiales que poseemos. Sin embargo, la verdadera fortaleza y la verdadera protección nacen de adentro, de esa chispa que todos llevamos en el corazón.

Sostener nuestra luz significa:

  • Recordar quiénes somos realmente, más allá de los roles y las etiquetas.
  • Cultivar la calma y la confianza, incluso en medio de la tormenta.
  • Elegir el amor por encima del miedo, una y otra vez.

Cuando nuestra luz se debilita, es más fácil que la oscuridad de los pensamientos negativos, de las dudas o de las energías externas nos invada. En cambio, cuando la mantenemos firme, esa luz se convierte en un escudo. No es que las dificultades desaparezcan, pero nuestra manera de enfrentarlas cambia por completo.

La luz es nuestra guía y también nuestra protección. No necesita imponerse, simplemente brilla. Y en ese brillo encontramos claridad, intuición y fuerza.

Cada persona tiene su manera única de sostener su luz: a través de la meditación, la oración, el contacto con la naturaleza, la gratitud, el silencio interior o el arte. Lo importante es hacer espacio cada día para reconectar con ella, porque solo cuando nos sentimos plenos y centrados podemos irradiar hacia fuera y, al mismo tiempo, mantenernos a salvo.

Así, sostener la luz no es solo un acto personal, sino también un regalo al mundo: cuando brillamos, inspiramos a otros a recordar que también ellos llevan esa chispa dentro.

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